Gracias por quererme en tu vida.
En otra circunstancia, Lucía estaba segura que habría estallado en risa al ver al imponente hombre en un estado somnoliento. Ojos azul acero apenas abiertos, cabellos erizados y disparándose en todas las direcciones… Era una imagen digna de guardarla en sus recuerdos.
—Buenos días —saludó, con tono casual y amable.
—¿Qué hora es?
Bueno, ahora conocía una cosa más de Logan. No era un hombre de mañanas.
—Nueve y cuarto —replicó, viendo cómo Logan pestañeaba confuso—. ¿Desayuno? No es mucho, pero…