Un tremendo caos.
El sonido incesante de su teléfono la despertó de un sobresalto. Restregándose una mano por la cara y refunfuñando algo ininteligible por lo bajo, se sentó en la cama y miró en torno a la mesita de noche. Agarró el teléfono y leyó el mensaje, era de la directora, avisándole que las clases se suspendían por un corte de luz en la escuela a causa de la tormenta. Dejando nuevamente el teléfono sobre la mesita, volvió a acomodarse debajo de las mantas, dispuesta a entregarse al sueño y dormir por lo