CAPÍTULO 36. Una denuncia
En eso tenía razón, Leo era un CEO malo, chiquillo conflictivo y sin ningún interés en controlarse los más bajos impulsos, ni siquiera porque estaba en medio de una comisaría.
Y aun así era difícil para ella dejar de mirarlo, algo en su cuerpo se estremecía solo con el roce de aquel pulgar tan cerca de su boca, sobre todo porque justo en aquel momento él parecía haber dejado a un lado la parte más impulsiva de su carácter, para dejar salir al hombre serio y plenamente consciente del poder que t