CAPÍTULO 37. Entre la tentación y la realidad
Ya pasaba del mediodía cuando Angélica y Leo finalmente abandonaron la comisaría. El aire fresco de un invierno cercano les golpeó el rostro mientras caminaban hacia el estacionamiento, y en ningún instante él soltó su mano hasta que la tuvo sentada junto a él en la camioneta de Aurelio.
—Vamos a llevarte a casa…
—No —lo interrumpió Angélica—. No quiero ir a casa. Tengo demasiada adrenalina encima y necesito sacarla, necesito hablarla… Mejor vámonos al hotel, trabajar es lo único que va a distr