CAPÍTULO 32. Una figura paterna
De ninguna forma era fácil explicar aquello. Angélica sentía que solo con mencionar el tema, el miedo volvía a ella.
—Leo, este no... Este no es el mejor momento para hablar de estas cosas. Quizás en otro...
—Sí entiendes que no voy a desistir, ¿verdad? —le advirtió él—. Viste a una persona anoche en el estacionamiento que terminó con nosotros en un hospital, y cabe decir que en el mejor de los casos, porque si yo no hubiera estado allí, Dios sabe qué te habría pasado.
—¡Es que para empezar no