CAPÍTULO 31. ¿Te imaginas?
Angélica habría podido poner los ojos en blanco, pero lo cierto era que sentía como si el corazón se le fuera a salir del pecho por todo el miedo que estaba acumulando. Ver a Leo tirado en medio de una calle, herido por su culpa, era uno de los peores sentimientos que había experimentado en su vida, así que si él estaba dispuesto a echarlo a broma y chantajearla durante unos meses, no iba a ser ella la que le quitará la ilusión.
—Supongo que ya lo resolveremos, puedo ir a hacerte de cenar todos