CAPÍTULO 17. No se llama Leo Lombardo
Leo quería que la tierra se lo tragara mientras Belina armaba un escándalo mayúsculo en pleno restaurante. Y lo peor de todo era ver a Angélica frente a él, empapada en lo que parecía una jarra de sangría y con los puños cerrados y temblorosos sobre la mesa, porque era lo bastante madura como para saber contener el volcán hirviente que debía tener dentro en ese momento.
—¿Qué demonios te pasa? ¿Cómo te atreves hacer esto? —Leo increpó a Belina con rabia—. ¿Qué diablos haces aquí? ¿Me estás sig