Capítulo 7.- El veneno de las urracas.
La mañana siguiente llegó envuelta en un calor sofocante y un movimiento inusual en Santa Clara.
La fiesta de San Bartolomé estaba a solo dos días, y la panadería de doña Elena parecía un campo de batalla.
El olor a canela, vainilla y pan recién horneado impregnaba cada rincón mientras las bandejas iban y venían sin descanso. Había pedidos para la alcaldía, para la iglesia, para las familias más influyentes del pueblo y también para quienes apenas podían pagar una docena de panes dulces para co