Capítulo 18.— Duelo de miradas.
La tensión se instaló en la panadería con un peso casi físico.
Nadie habló durante varios segundos.
Solo se escuchaba el leve burbujeo de la cafetera y el tic tac del viejo reloj colgado en la pared.
Ignacio dio un paso al frente y luego otro sin apartar los ojos del desconocido.
Ángela se puso de pie casi por instinto.
—Ignacio...
Él alzó una mano, pidiéndole silencio sin siquiera mirarla. Ese gesto le heló la sangre.
Doña Elena fue la primera en carraspear tratando de caldear los ánimos.
—¿Te