El sol que se filtraba por las cortinas me despertó con una calidez suave en el rostro. Me sentía extrañamente renovada, como si la tormenta de la noche anterior hubiera limpiado algo dentro de mí. Al moverme, noté el hueco vacío a mi lado y una punzada de anhelo me recorrió, pero no era el vacío helado de la desconfianza, sino más bien la ausencia física de alguien a quien, a pesar de todo, aún amaba.
Me levanté con una ligereza que no sentía en días y me di una ducha larga y caliente. El agu