Amar, dicen. Una palabra tan sencilla, tan manoseada, que ha perdido su filo, su peso verdadero. Nos llenamos la boca con ella, la gritamos al viento, la grabamos en corazones superficiales. Pero, ¿quién sabe realmente lo que significa desentrañar la madeja compleja de un alma y encontrar allí la fibra que vibra en sintonía con la tuya?
No es la posesión voraz de la intimidad, ese breve incendio de la piel que nos hace creer, por un instante fugaz, que hemos conquistado la esencia del otro.
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