Un nudo apretaba mi garganta mientras observaba la espalda de Evelyn.
Cada centímetro que la alejaba de mí se sentía como una punzada en el pecho. Su silencio era ensordecedor, mucho más elocuente que cualquier grito o reproche. Sabía que le había causado un dolor inmenso, un dolor que se extendía mucho más allá de la simple decepción. Había destrozado la base misma de nuestra relación, la confianza que tanto le había costado entregar.
Verla tan vulnerable, tan herida, me destrozaba por dent