Kelvin muerde un trozo de madera mientras se cose. Por alguna razón no se está curando y las fuerzas le fallan a cada minuto.
No puede morir, debe llegar a casa y entregárselo y, cuando lo haga, le dirá lo que siente de verdad. Por fin dejará salir esta carga que lleva en su pecho desde hace más de una década.
Cuando oye el sonido del traqueteo en el exterior, deja la aguja en su piel rota y respira hondo para acallar los latidos de su corazón todo lo posible.
Pensó que había perdido a sus pe