“Agarra esa puta página y hazla trizas Carmela. Quiero salir de aquí de una puta vez, nada más”, respondió Tristan, retrocediendo de los barrotes de la prisión y volviendo a tumbarse en su cama.
Yacía boca arriba, mirando la bombilla parpadeante de arriba con las manos detrás de la cabeza.
“Tristan”, le llamó Carmela. “¿Tenemos un acuerdo? Te prometo que esta vez podré sacarte. Necesito que seas testigo en el juicio, lo tengo todo pensado. Solo tienes que ceñirte a tu historia original. Dejare