"¿Cuánto tiempo ha estado así?", pregunta Amanda en tono preocupado, revisando los signos vitales de Amara.
La niña está blanca, pálida e inmóvil y tiene fiebre, su temperatura es alta y su ritmo cardíaco lento.
Amanda mira a Leila, que mira a su hija con perpetua tristeza, mordiéndose los dedos, los ojos enrojecidos e hinchados, con bolsas oscuras bajo unos ojos privados de sueño, el miedo oscilando de un lado a otro en su corazón, la preocupación apoderándose de su mente, no puede dormir, no