Tatum rompió la mesa y se clavó la pata rota en el pecho para no abusar de ella y aprovecharse de ella cuando estaba claramente a su merced, Leila no puede quitarse aquella noche de la cabeza aunque hayan pasado tres días.
Podía sentir las ganas que él tenía, vio cómo luchaba por contenerse, cómo le pedía una y otra vez que se marchara. El deseo no solo estaba en sus ojos rojos de lobo, ella también lo vio en sus orbes grises.
Ahora está segura de que Tatum sabe que son verdadera pareja, pudo