ELAINE
Quedarme en casa de Duncan no resultó tan incómodo como temía. Principalmente porque tuve que salir temprano para ir al trabajo esa mañana, y Duncan ya estaba levantado y había vestido a los niños para la escuela cuando entré a la cocina, vestida y tranquila, bebiendo café negro como si los últimos días no hubieran puesto nuestras vidas patas arriba. Me saludó con un gesto de cabeza cuando entré. —Buenos días... —Buenos días. Tengo que ir al hospital —dije, y eso fue todo. Sin conversacio