EL GUARDIÁN DE SU CORAZÓN
TRAVIS
La habitación estaba en silencio. Solo había una mesa, dos sillas y un reloj cuyo tictac parecía más fuerte de lo necesario. Permanecí sentado, esperando, con las manos apretadas sobre la fría superficie frente a mí.
Me repetía a mí mismo que debía mantener la calma, pero no lo estaba consiguiendo. La corbata me asfixiaba, así que tiré del cuello de la camisa, sin embargo, no sirvió de nada. Nada lo haría, no hasta verlo a él.
La puerta se abrió con un chirrido y