TRAVIS
Estaba casi seguro de que si apenas rozaba esas cicatrices con mis dedos, se abrirían y comenzarían a sangrar de nuevo.
Así de aterradoras se veían. Pero lo que era aún más espantoso era lo evidente que resultaba que habían sido adquiridas a lo largo de los años, como si la persona que las hizo se hubiera tomado su tiempo para hacerlas.
Poco a poco. Una tras otra. Tormentosas y tortuosas. Parecía como si estuviera siendo castigada por una terrible ofensa. ¿Qué tan grande podría haber sido