TRAVIS
La ausencia fue lo primero que noté.
No era el café que faltaba en mi escritorio —aunque me había acostumbrado demasiado a encontrarlo ahí, humeante y preparado justo como me gustaba. Tampoco era la falta de una nota adhesiva, generalmente pegada al borde de mi monitor con alguna frase ridícula o garabato destinado a hacerme poner los ojos en blanco.
Era el silencio.
Mi oficina se sentía más vacía, como si la energía que normalmente zumbaba a través de ella hubiera desaparecido. Sacudí la