León
La noche había caído con un manto pesado sobre la ciudad, y la oscuridad parecía envolver cada calle, cada esquina, como un susurro silente que me invitaba a perderme en sus sombras. Las luces de los faroles parpadeaban, como si incluso ellas dudaran de su propia fuerza para iluminar, y yo caminaba entre esa penumbra con las manos en los bolsillos, sintiendo el frío calarme hasta los huesos.
Ese día había sido uno de los más intensos desde que todo comenzó a desmoronarse entre nosotros. E