Ana
El café estaba casi vacío cuando Ethan llegó, con el cabello húmedo por la llovizna que seguía cayendo en la ciudad. Ana sintió un latido en la sien, un pulso que no era de miedo, sino de alerta, un instinto que había aprendido a escuchar tras años de perseguir secretos que la habían dejado sin hogar, sin familia, sin nada… excepto esta causa.
Ethan se sentó, su chaqueta aún goteando, y su mirada se posó en Mara con una mezcla de temor y curiosidad. Ana pudo ver cómo intentaba mantener la