Ethan volvió a su apartamento con el corazón latiendo con fuerza, como un tambor que no encontraba ritmo. Cada palabra que Ana y el grupo le habían contado abría un mundo nuevo, oscuro, pero también lleno de posibilidades que se mezclaban con un miedo que ardía en su pecho. Se sentó junto a la ventana, sintiendo el cristal frío en la frente mientras observaba la calle vacía, iluminada por farolas intermitentes, preguntándose qué secretos guardaban esos espejos y qué papel debía jugar él en todo