En la mira
Cuando Ian apareció en la sala, su presencia llenó el espacio como una sombra alargada que no podías ignorar, aunque lo intentaras. Sentí un impulso instintivo de colocarme delante de Ana y Clara, como si pudiera protegerlas de algo que, en el fondo, sabía que era mucho más grande que nosotros.
El aire se volvió más denso, cargado de una energía que vibraba en mi piel, como cuando se avecina una tormenta. Las llamas de las velas parpadearon, proyectando figuras extrañas en las parede