Capítulo 25

La intimidad no llegó de golpe. Se filtró despacio, como el agua que se cuela por una grieta que finges no ver hasta que ya es demasiado tarde.

Empezó en las mañanas.

En la forma en que Roman se quedaba quieto unos segundos más después de despertar, como si no quisiera romper el momento. En cómo su mano buscaba la mía bajo las sábanas sin mirarme, sin exigir nad

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