Capítulo 24

Empecé a notar su humanidad en los detalles más pequeños, y eso fue lo que más me desarmó.

No en los grandes gestos —Roman no era un hombre de flores ni promesas— sino en las cosas silenciosas que hacía cuando creía que nadie lo estaba mirando. Como la mañana en que me desperté con la garganta seca y fiebre leve, producto del cambio de clima y el cansancio acumulado. No le dije nada. Me limit&eacut

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