La recepción estaba en pleno apogeo, luces suaves iluminaban los jardines y la música llenaba el aire con una elegancia que escondía el peligro que siempre flotaba cerca de mí. Observaba a Jezebel desde donde estaba, entre los invitados, con una sonrisa calculada y un porte que me desconcertaba. No podía dejar de preguntarme cómo alguien podía aparentar sumisión y al mismo tiempo irradiar esa fuerza silenciosa. Cada movimiento suyo era un recordatorio de que no estaba completamente bajo mi cont