capitulo 38
La cara de Adam pierde color en el instante en que le digo que lo encontré con esa mujer.

—Pequeña, escucha... —Adam intenta acercarse, pero yo me alejo.

—¡No! ¡No te quiero escuchar! —siento cómo mi corazón se está partiendo en mil pedazos.—Creí que esta vez sería diferente. Creí que este bebé nos uniría más, pero veo que todo es una m*****a ilusión —me siento en la silla, algo cansada, y bajo la mirada.

—Luz, no sé qué me pasó. Tomé mucho ayer, no me acuerdo de nada.

—¡No tienes excusa, Adam!
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