Dios mío, el hombre de la camilla es mi padre. Al ver su cuerpo, veo que tiene múltiples heridas de bala, y su pulso es muy bajo. Adam también logra reconocerlo porque de inmediato me ve a mí.
-Luz... - me habla Adam.
-Atiéndelo tú, yo no puedo - salgo corriendo del lugar, sin importar en las condiciones en las que esté él. Llego al baño y, sin pensarlo, vomito todo.
Estoy sentada en la sala de espera. Aún no sale Adam para decirme cómo está mi padre, así que mis nervios crecen cada vez más. Esc