—Adam, ¡estás loco! Tú estás casado y yo tengo novio. Fue un error haber tenido sexo contigo —me siento en la cama y él se para frente a mí.
—Ven, vamos a desayunar. Tienes que comer —me extiende la mano, pero niego con la cabeza.
—No tengo hambre —él toma una profunda respiración.
—Tienes que comer. Acabas de vomitar y estás muy delgada.
—¡No quiero comer! —me levanto de la cama y, cuando me dirijo al baño, él me acorrala contra la pared.
—Quiero cuidar de ti —dice, pegado a mi cuerpo.
—¡