Al escuchar la voz de Manuel al teléfono, vuelvo a sentir esa sensación de miedo y angustia que sentía cuando estaba con él. Me acordé de cuando iba a inyectarme quién sabe qué cosa en el brazo, y luego viene la imagen de Dante abandonándome de nuevo.
—¿Qué quieres, imbécil?
—Quiero ver sufrir al italiano. Lo peor que pudiste hacer fue volver con el italiano.
—¡DÉJANOS EN PAZ! —estampo mi teléfono contra la pared mientras mi corazón va a mil por todas las sensaciones que se están acumulando en m