Despierto con el llanto de Alana, así que me levanto con un humor de perros, pero al ver a mi pequeña todo ese mal humor se va.
- Hola mi amor, me estabas esperando – ella estira sus manitos mientras hace pucheros – ya cariño, aquí estoy – bajo con ella a la cocina para darle su tetero y así yo tener tiempo de bañarme para luego arreglarla a ella.
- Veo que madrugaron – me sobresalto al escuchar la voz de Dante.
- Por Dios, deja de hacer eso, me asustaste.
- Lo siento – veo que la nena se pone c