Sofía
Aún no he recuperado el aliento cuando la veo.
No necesita anunciar su presencia. Ella ocupa el espacio.
Una ola roja sangre corta la multitud.
Cada paso que da resuena como una bofetada.
Camina como si el mundo fuera una alfombra desplegada para sus tacones.
Alta. Elegante. Sublime.
Su cabello negro, recogido en un moño a la vez deshecho y cuidadosamente estudiado, deja al descubierto la delicada nuca que Elio, quizás, besó alguna vez. Su espalda desnuda brilla bajo las crueles luces del