El sonido metálico de la compuerta resonó en todo el búnker cuando se abrió lentamente. Serena dio un paso al frente, con la respiración agitada pero el corazón encendido de esperanza. Tras ella, una docena de hombres ingresaron uno a uno, cargando mochilas desgastadas, armas ocultas y miradas que hablaban de años en la sombra.
Dante permanecía a un costado, observando cada detalle. Había aprendido a desconfiar de todos, pero al ver cómo esos hombres saludaban a Serena con respeto y casi devoci