21. Promesa
Lion
Llegamos a la oficina, a pesar de sus constantes intentos por sacarse de mi agarre, me aferro a no soltarla.
Sin importar los pendientes, vamos directo al lugar de los hechos; cierro con seguro la puerta de la oficina y avanzamos hasta la habitación dentro de la misma.
—Oiga, oiga —se jala —no cree que ya es suficiente, me a traído corre y corre desde que salimos del hotel —se queja.
Soba su muñeca y se quita los zapatos de tacon alto, se deja caer en la mecedora junto a la venta y se mas