65. Elevado
Darina
Mis ojos estallan en lágrimas tras escuchar a mi padre; mi madre, con un leve movimiento en su cabeza me llama para acompañarlos.
Entre ambas lo llevamos por los brazos, su cuerpo se siente demasiado débil, su respiración es entrecortada, apenas alcanzamos a llegar a su alcoba.
La sanadora con otros maestros, ya se encuentran en los aposentos del Rey, lo acompañamos a recostar, toma la mano de mi madre y la mía y las entrelaza en las suyas.
—Todo en esta vida tiene un porque —le cuest