Me despierto al sentir un fuerte golpe que proviene de la parte baja de la casa. Sin pensarlo, salgo de la cama y corro escaleras abajo. Me encuentro a Mariano con la mano llena de sangre.
- ¡Por Dios! ¿Qué pasó?
- Nada, no pasó nada.
Cuando veo el piso, me doy cuenta de que reventó la copa de vidrio con su mano. Voy al baño, saco el botiquín y le digo:
- Pásame tu mano, hay que curar eso.
Mariano me pasa la mano y mira cada cosa que hago.
- ¿Por qué estás siendo buena conmigo?
- Porque no soy u