Escucho cómo alguien toca mi puerta, pero lo ignoro por completo. No quiero que nadie me vea en esta situación. Después de tantos años, me vuelvo a sentir muy débil y odio sentirme así.
—Olivia, preciosa, abre la puerta. Sé que estás ahí —Greg hablaba y hablaba hasta que decidí abrir la puerta. Cuando lo vi, no lo dudé: me tiré en sus brazos y comencé a llorar. Al verme tan mal, nos llevó a la oficina y cerró la puerta. Luego nos sentamos en un sillón, y mientras lloraba, él solo besaba mi cabez