Me encuentro llorando en los brazos de Abel mientras él me da leves caricias en la espalda.
- ¿Por qué es así? - digo en un susurro.
- Porque es un imbécil, pero ya verás que pronto se va a arrepentir de sus palabras - me seco las lágrimas y me levanto.
- Debo darme un baño, tengo que irme al trabajo.
- ¿Por qué no te quedas? Te ves algo pálida.
- Estoy bien, solo necesito un baño - entro a la ducha y siento cómo el agua caliente va relajando mi cuerpo, que hace unos minutos estaba tenso. Cuando