Después de hablar con el investigador, Camila regresó a la mansión con una serenidad que no sentía en realidad. Había aprendido que, cuando el peligro era inminente, lo mejor era ocultar el miedo detrás de una sonrisa.
Aquella noche, durante la cena, Julián apenas levantó la vista de su plato.
El silencio entre ambos era incómodo.
Camila intentó romperlo.
—¿Cómo estuvo tu día?
—Como cualquier otro.
—¿Podemos hablar de lo que pasó?
Julián dejó los cubiertos sobre la mesa y la miró con frialdad.