Valeria estaba sentada en el borde de su cama, con los ojos hinchados y el corazón roto por las palabras de su amiga. El silencio en el apartamento era pesado, hasta que escuchó un suave toque en la puerta. —¿Vale? ¿Puedo pasar? —La voz de Camila sonaba suave, quebrada, perfectamente ensayada para simular arrepentimiento. Sin esperar respuesta, Camila entró con una pequeña bandeja. Sobre ella, una taza de té despedía un vapor aromático que inundó la habitación. Valeria la miró con sorpresa; su naturaleza noble siempre estaba dispuesta a perdonar. —Perdóname, de verdad —dijo Camila, sentándose a su lado con una expresión de profunda tristeza—. Soy una tonta, estoy llena de miedos y dije cosas horribles porque no sé cómo lidiar con el hecho de que te vas. La envidia me cegó por un segundo, pero no quiero que estemos mal. —Cami, yo te quiero mucho... —susurró Valeria, sintiendo que un peso se le quitaba de encima al ver a su "hermana" de regreso. —Lo sé, y por eso te prepa
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