Mundo de ficçãoIniciar sessão
El sol de la tarde caía sobre el barrio obrero, bañando las casas sencillas con un tono dorado que hacía que todo pareciera más vibrante de lo que era. Valeria caminaba casi saltando, con el cabello castaño ondeando tras ella y una sonrisa que iluminaba su rostro sereno. En su mano derecha, apretaba un sobre con la fuerza de quien sostiene un tesoro.
Subió las escaleras del modesto complejo de apartamentos y entró a la vivienda que compartía con Camila desde que ambas decidieron independizarse de sus familias. —¡Cami! ¡No lo vas a creer! —exclamó Valeria, dejando las llaves sobre la mesa de madera desgastada. Camila estaba sentada en el sofá, limándose las uñas con gesto aburrido. Llevaba un vestido ajustado que resaltaba su figura, y aunque su belleza era innegable, había algo en la rigidez de su mandíbula que siempre delataba su insatisfacción. Alzó la vista, fingiendo interés. —¿Qué pasa ahora, Vale? ¿Ganaste la lotería? —preguntó con un tinte de sarcasmo. —¡Mejor que eso! ¿Recuerdas que envié nuestras hojas de vida al Royal Oaks? ¡Nos llamaron a las dos! Empezamos el lunes como meseras en el área VIP. La lima de uñas se detuvo en seco. Camila frunció el ceño, mirando a su amiga como si acabara de decir una locura. —¿Meseras? —repitió Camila, arrastrando las sílabas con desprecio—. Valeria, me duelen los pies solo de pensarlo. Ese club es inmenso. ¿De verdad esperas que me pase diez horas cargando bandejas de champán para gente que ni siquiera me va a mirar a la cara? —Es el club más exclusivo de la ciudad, Cami —insistió Valeria, acercándose y sentándose a su lado con entusiasmo—. La paga es mejor que en cualquier oficina, y las propinas podrían ayudarnos a pagar la deuda del alquiler en un mes. Además, el ambiente es precioso, estaremos rodeadas de jardines, de gente educada... Es una oportunidad increíble para salir adelante. Camila se levantó, caminando hacia el espejo del pasillo para retocarse un mechón de pelo. Observó el reflejo de Valeria: tan fresca, tan genuinamente feliz con tan poco. Sentía una punzada de envidia que le quemaba el pecho. No envidiaba el trabajo de mesera, envidiaba la capacidad de Valeria para ser amada y respetada sin esfuerzo, mientras ella sentía que tenía que luchar por cada gramo de atención. —Tú no entiendes, ¿verdad? —dijo Camila, dándose la vuelta con una sonrisa forzada que no llegaba a sus ojos—. Yo no nací para servir mesas, Vale. Yo nací para estar sentada al otro lado, siendo la que pide el champán. Buscamos cosas distintas. Yo busco a alguien que me saque de este agujero, no un uniforme de algodón y zapatos planos. Valeria suspiró, su brillo disminuyendo apenas un poco. —Solo será un comienzo, Cami. Nadie llega a la cima sin subir el primer escalón. Por favor, hazlo por mí. Dijimos que nos apoyaríamos en todo. Camila miró de nuevo el sobre en la mesa. Odiaba la idea de trabajar, pero entonces, una idea cruzó su mente como un relámpago. El Royal Oaks. El lugar donde los hombres más ricos del país cerraban negocios y buscaban distracción. Si iba allí, no sería por el sueldo, sino por la oportunidad de cazar algo mucho más valioso que una propina. —Está bien —cedió Camila, suavizando el tono y acercándose para abrazar a su amiga, aunque sus ojos permanecían fríos sobre el hombro de Valeria—. Lo haré. Pero si se me rompe una uña el primer día, será tu culpa. Valeria rió, abrazándola con fuerza, sin sospechar que, mientras ella celebraba un trabajo honesto, su mejor amiga ya estaba diseñando un plan donde la honestidad no tenía cabida.






