Mundo ficciónIniciar sesiónAl día siguiente, en el club, Camila aprovechando que Julián fue al club para recoger a Valeria, Camila se aseguró de interceptarlo en el pasillo, lejos de los ojos de su amiga.
Camila se soltó un mechón de cabello y se humedeció los labios antes de acercarse. No caminaba como una mesera; caminaba como una mujer que sabe perfectamente el efecto que su cuerpo tiene en los hombres. Se detuvo a centímetros de Julián, lo suficiente para que él pudiera percibir su perfume, mucho más intenso y sugerente que el de Valeria. —Señor Ferrán... —ronroneó, apoyando un codo en la barra y mirándolo por debajo de las pestañas—. Se le ve muy pensativo. ¿Un hombre con tanto éxito tiene motivos para estar preocupado? Julián la miró con cierta distancia, pero la actitud coqueta de Camila no pasó inadvertida. —Solo espero a mi prometida, Camila. Gracias. Camila dejó escapar una risita suave, casi melancólica, y bajó la mirada, fingiendo una tristeza repentina. —Prometida... Suena tan definitivo. Me duele tanto por usted. Julián —dijo, usando su nombre de pila por primera vez, con una familiaridad prohibida—, yo quiero a Valeria. Es mi mejor amiga, mi hermana... pero no puedo seguir guardando este peso en el pecho. No puedo ser deshonesta con un hombre como usted. Julián se tensó. Su instinto de negocios le advirtió que algo venía. —¿De qué estás hablando? Sé clara. Camila suspiró, acercándose un poco más, como si fuera a contarle el secreto más oscuro del mundo. —Valeria es buena, pero es débil ante su pasado. Hay un hombre... Ramiro. Él fue su primer amor, el hombre que realmente conoció su corazón antes de que llegara el dinero y los diamantes. Julián apretó la mandíbula. —¿Ramiro? Ella nunca lo mencionó. —Porque todavía lo ve, Julián —mintió Camila con una seguridad escalofriante—. Él la busca en el barrio cuando usted no está. Ella dice que es por lástima, que quiere ayudarlo ahora que tendrá recursos... pero yo he visto cómo se miran. Me rompe el alma verlo a usted tan entregado, mientras ella guarda un lugar en su cama —bueno, en su corazón— para alguien que no le llega a usted ni a los talones. La mirada de Julián se oscureció. La duda, alimentada por la supuesta "lealtad" de Camila, comenzó a corroer su confianza. —¿Por qué me dices esto ahora? —preguntó él, con voz gélida. —Porque usted merece a alguien que no tenga sombras —respondió Camila, rozando "accidentalmente" la mano de Julián con sus dedos—. Alguien que lo valore por quién es, no por el anillo que puede comprar. Yo no podría vivir conmigo misma si dejara que usted cometiera el error de su vida. En ese momento, Valeria apareció al final del pasillo, sonriendo al ver a los dos hablando. No podía imaginar que, en esos escasos minutos, su mejor amiga acababa de verter el veneno más letal sobre su futuro. —¡Mi amor! Ya estoy lista —exclamó Valeria, acercándose con la inocencia de quien no tiene nada que ocultar. Julián la miró, pero esta vez, sus ojos no buscaban su luz, sino que buscaban el rastro de la mentira que Camila acababa de inventar. El muro de cristal empezaba a agrietarse. La frialdad de Julián fue como un balde de agua helada para Valeria. Durante el trayecto a casa, él apenas habló, manteniendo la vista fija en la carretera, mientras las palabras de Camila daban vueltas en su cabeza como un eco venenoso. —¿Pasa algo, Julián? —preguntó Valeria suavemente cuando se detuvieron frente a su edificio. Le puso una mano en el brazo, buscando esa conexión que siempre los unía—. Estás muy callado. ¿Hice algo que te molestara? Julián la miró. Vio su rostro dulce, sus ojos llenos de una honestidad que le resultaba imposible de cuestionar. "Es una locura", pensó él. "Camila debe estar confundida o quizás simplemente es el drama de su entorno". Decidió que su amor por Valeria era más fuerte que el chisme de una tercera persona. —No es nada, mi vida —respondió él, forzando una sonrisa y besándole la mano—. Solo cansancio por el trabajo. No me hagas caso. Valeria suspiró aliviada y subió al apartamento, pensando que todo estaba bien. Pero para Camila, que acechaba tras la puerta, ese "todo bien" era una declaración de guerra.






