Me despierto al sentir unas leves caricias en mi mejilla. Cuando abro los ojos, veo a Santiago sentado a mi lado, mirándome fijamente.
—Lo siento —dice él, con cara de arrepentimiento—. Cuando supe lo de Julián, me asusté mucho. Solo quiero cuidarte, mía.
—Lo sé, amor. Por eso también debo pedir disculpas. Yo tampoco debí decirle a Lucy que nos fuéramos a tomar unos tragos, sabiendo la situación en la que estamos.
—Ya está, mi amor. No discutamos más —me atrae a su pecho y besa mis labios con te