- ¡Por Dios, mía, ¿cómo hiciste eso?! - Estoy con Lucy, sentada en un restaurante, contándole lo ocurrido con Santiago, y por lo que veo, ella también está enojada por mi estupidez.
- Yo solo... la señora María me lo pidió, ¿qué más podía hacer?
- Pues negarte. O sea, por primera vez estoy de acuerdo con Santiago. ¿Cómo vas a exponer a tus hijos a ese loco? Uno nunca sabe con qué va a salir.
- Lo sé, amiga, tienes toda la razón. Fui una idiota, pero no merezco que Santiago me trate como si fuera