Santiago está parado frente a nosotros. Su rostro muestra una profunda furia y, cuando mira a su hermana, su mirada se vuelve asesina. Se acerca y me arrebata a la niña de los brazos.
—Nos vamos —dice, sorprendiéndome que aún no haya estallado.
—Santiago, no te enfades con ella —interviene Julián.
Veo cómo este entrega a Aurora a un guardaespaldas y, al darse la vuelta, Santiago le lanza un puñetazo en la cara.
—¡Santiago! —Julián se toca la boca, de la cual brota sangre, pero sonríe.
—Eso