Vemos a Julián a la entrada del salón, mirándonos a todos con odio, pero en especial a Santiago y a mí.
—Hijo, ¡qué bueno verte! —dice la señora María, acercándose a él, pero Julián la rechaza.
—¡No me toques!
—No le hables así a nuestra madre —grita Santiago.
—¡Todos son unos traidores! Tú te casaste con la mujer que amaba, y ustedes lo aceptaron así como así.
—Julián, tú sabes perfectamente por qué me separé de ti —le digo.
—¡YO PROMETÍ CAMBIAR POR TI! —Julián suelta un suspiro—. Yo te amo, Mí