Alejandro estaba en su oficina, esperando a Margaret. Su paciencia estaba al límite. En ese momento, su secretaria habló a través del intercomunicador.
—Señor, la señorita Margaret está aquí.
—Hazla pasar —respondió con frialdad.
La puerta se abrió y Margaret entró con su característico porte elegante. Su mirada destilaba seguridad mientras se sentaba frente a él. Alejandro la observó con el ceño fruncido, cruzando los brazos sobre su pecho.
—Bien, ¿me puedes explicar cómo es que todo el mundo