Al llegar la hora del almuerzo, Alejandro se acomodó en su silla y presionó el botón del intercomunicador.
—María, ¿puedes venir un momento?
Pocos segundos después, su secretaria entró con un bloc de notas en la mano.
—¿Necesita algo, señor Ferrer?
Alejandro, con su tono autoritario pero calmado, le dio una orden precisa:
—Llama a Camila Morales. Quiero que venga a mi oficina inmediatamente.
María lo miró con un poco de curiosidad, pero no hizo preguntas.
—Por supuesto, señor. Ahor