El auto se detuvo suavemente frente a un edificio elegante con grandes ventanas y detalles en madera oscura. Sobre la entrada, un letrero discreto y sobrio anunciaba el nombre del lugar: Restaurante Camila . Alejandro apagó el motor y miró hacia el frente, notando que ya había algunos vehículos estacionados, probablemente de los empresarios con los que se reuniría.
Irma, desde el asiento del copiloto, miró el lugar con cierta sorpresa.
—¿Es aquí la reunión? —preguntó mientras se acomodaba un me